Sexto Día de la Novena a San Josemaría Escrivá de Balaguer: Progresar en virtudes

Para ser consecuentes con nuestra condición de hijos de Dios, y vivir la unidad de vida que nos corresponde, tenemos que procurar practicar todas las virtudes, tanto las meramente naturales (como el orden, la disciplina, la lealtad, la laboriosidad, la veracidad), como las sobrenaturales; y entre ellas, la más encumbrada es la caridad. Ella perfecciona a las demás y constituye como el alma de la santidad. Nuestro Señor sintetizó en el amor a Dios y al prójimo, “toda la Ley y los Profetas”; y en la Última Cena, señaló la caridad como el distintivo de sus discípulos.

San Josemaría puso siempre énfasis en la caridad, considerando que de nada sirven la justicia, la castidad y cualquiera otra virtud, si no están impregnadas de caridad. Por eso lo primero y más importante que debemos pedir a Dios es saber amarle a Él sobre todas las cosas, y al prójimo –por amor a Él–, como a nosotros mismos.

Nos enseñó que la caridad debe ser universal, sin excluir de ella a nadie, sin distinciones ni prejuicios. El cristiano tiene que amar a pobres y a ricos, a cercanos y lejanos, a creyentes y no creyentes. No cabe en un seguidor de Jesucristo ningún resentimiento, odio, deseo de venganza, o cualquier otra actitud contraria a la caridad. “No somos anti-nada”, decía San Josemaría; y daba gracias a Dios porque no necesitaba perdonar, ya que Dios le había enseñado a querer bien a todos.

Por otra parte, la caridad bien ordenada comienza por los más próximos, con quienes precisamente puede ser más difícil practicar los detalles de comprensión, de delicadeza, de tolerancia, de servicio, de presencia activa y consoladora en los momentos duros. Es allí donde debe demostrarse la caridad con obras, en los mil detalles de cada día.

Textos de san Josemaría

“Por mucho que ames, nunca querrás bastante. El corazón humano tiene un coeficiente de dilatación enorme. Cuando ama, se ensancha en un crescendo de cariño que supera todas las barreras.

Si amas al Señor, no habrá criatura que no encuentre sitio en tu corazón”.

Vía Crucis, octava estación, n. 5.

Oración

Por la intercesión de San Josemaría, te suplicamos, Señor, tener un corazón grande y generoso para amar “con obras y de verdad” al prójimo, desviviéndonos para que sea feliz, hasta conseguir con todos nuestros hermanos el gozo inmenso de contemplarte y amarte perfectísimamente en el cielo, en compañía de la Virgen Santísima y de todos los ángeles y santos. Amén.

Jaculatoria

“Jesús, haz mi corazón semejante al tuyo”.