Quinto Día de la Novena a San Josemaría Escrivá de Balaguer: La unidad de vida
La convicción perennemente actualizada de la filiación divina, nos ha de conducir a tener una unidad de vida sencilla y fuerte. Y como criaturas amadas por nuestro Padre Dios, hemos de comportarnos en todo momento con la fidelidad de los buenos hijos.
San Josemaría predicó continuamente, con obras y palabras, que el cristiano, siendo hijo de Dios, no puede actuar en ningún momento como si no lo fuera. Consideraba que el gran mal del mundo contemporáneo consiste en la ruptura entre la fe y la vida, e invitaba con optimismo a recomponer esa unidad verdaderamente salvadora. El ideal que proponía consistía en elevar, con la gracia de Dios, todas nuestras acciones al plano sobrenatural, convirtiéndolas así en instrumentos de santificación y de apostolado. La vida de familia, el cumplimiento de los deberes profesionales, cívicos, patrióticos, sociales, etc., para un cristiano, son el medio privilegiado de hacer la voluntad de Dios y, por tanto, de santificarse y de servir al Señor y al prójimo.
Así mismo, las ocupaciones más diversas, para San Josemaría, podían y debían convertirse en ocasiones de orar, de encontrarse con Dios, de adorarle, servirle y amarle. “Una hora de estudio, para un apóstol moderno, es una hora de oración” (Camino, n. 335), solía decir, refiriéndose a la ocupación normal de un estudiante, que es estudiar. Y de igual modo, las labores domésticas, el trabajo de un campesino, de un intelectual o de cualquier otra persona, dirigidas con rectitud de intención al servicio de Dios, se convierten en medios magníficos de unión con Él.
Esta unidad de vida, enseñada asiduamente por San Josemaría, hace también que las personas sean profunda- mente sinceras: nada hay en ellas de mera apariencia sino que toda su conducta responde a convicciones profundas, actualizadas en cada momento.
Textos de san Josemaría
“Procuremos, por tanto, no perder jamás el punto de mira sobrenatural, viendo detrás de los acontecimientos a Dios: ante lo agradable y lo desagradable, ante el consuelo… y ante el desconsuelo por la muerte de un ser querido. Primero de todo, la charla con tu Padre Dios, buscando al Señor en el centro de nuestra alma. No es cosa que pueda considerarse como pequeñez, de poca monta: es manifestación clara de vida interior constante, de auténtico diálogo de amor. Una práctica que no nos producirá ninguna deformación psicológica, porque –para un cristiano– debe resultar tan natural como el latir del corazón”.
Amigos de Dios, n. 247
Oración
Señor, concédenos actuar como tu Madre bendita, conservando siempre en nuestro corazón, con amor y atención, tus palabras y los hechos de tu vida, para iluminar con ellos nuestra existencia de hijos que quieren ser fieles, por amor, en lo pequeño y en lo grande. Amén.
Jaculatoria
“Corazón dulcísimo de María, prepáranos un camino seguro”.
