Cuarto Día de la Novena a San Josemaría Escrivá de Balaguer: Nuestro fundamento: somos hijos de Dios

La consideración de que somos hijos adoptivos de Dios, fue –para San Josemaría–, el fundamento de su vida interior y de cuanto enseñó a quienes se le acercaron.

Efectivamente, la Providencia le inculcó una convicción profunda de que Dios es nuestro Padre. Tuvo, más de una vez, la experiencia espiritual de esta verdad como la más real e influyente en su modo de sentir, de pensar y actuar. Por otra parte, correspondió a esas gracias excepcionales con el empeño constante, a lo largo de toda la vida, de cultivar este sentido de la filiación divina.

Supo valerse de pequeñas “industrias humanas” o recordatorios para volver una y otra vez a la contemplación de la sublime y fascinante verdad: ¡Soy hijo de Dios! Igualmente, insistía a aquéllos cuyas almas dirigía en que es preciso procurar permanecer en continuo diálogo con el Señor, con la confianza de un hijo que actúa constantemente bajo la mirada amorosa de su Padre-Dios.

De la consideración de su filiación adoptiva en Cristo, derivaba una serena alegría incluso en medio de sus pruebas y sufrimientos, una determinación firmísima para cumplir la voluntad de nuestro Padre Dios, un amor tierno y fuerte que le llevaba a imitar a Jesucristo sin medida, y un celo incomparable por la gloria del Padre.

Textos de san Josemaría

“Es preciso convencerse de que Dios está junto a nosotros de continuo. –Vivimos como si el Señor estuviera allá lejos, donde brillan las estrellas, y no consideramos que también está siempre a nuestro lado.

Y está como un Padre amoroso –a cada uno de nosotros nos quiere más que todas las madres del mundo pueden querer a sus hijos–, ayudándonos, inspirándonos, bendiciendo… y perdonando.

Cuántas veces hemos hecho desarrugar el ceño de nuestros padres diciéndoles, después de una travesura: ¡ya no lo haré más! -Quizá el mismo día volvimos a caer de nuevo… –Y nuestro padre, con fingida dureza en la voz, la cara seria, nos reprende…, a la par que se enternece su corazón, conocedor de nuestra flaqueza, pensando: pobre chico ¡qué esfuerzos hace para portarse bien!

Preciso es que nos empapemos, que nos saturemos de que Padre y muy Padre nuestro es el Señor que está junto a nosotros y en los cielos”.

Camino, n. 267

Oración

Señor, que nos has enseñado a llamarte “Padre” y has querido que seamos tus hijos, concédenos, por la intercesión de San Josemaría, cultivar el sentido de nuestra filiación divina y comportarnos como hijos fieles. Amén.

Jaculatoria

“Señor, que yo sea bueno, y todos los demás mejores que yo”. (Cfr. Camino, n. 284)