Tercer Día de la Novena a San Josemaría Escrivá de Balaguer: Santificación del mundo

Nuestro Señor Jesucristo dijo que sus seguidores debían ser “luz del mundo” y “sal de la tierra”, expresando con estas comparaciones la actitud dinámica, activa, propia de sus discípulos. A nosotros nos corresponde, en efecto, llevar la verdad del Evangelio a todas las gentes e informar con ella las realidades temporales.

Los primeros cristianos cumplieron admirablemente aquella misión encomendada por el Señor, y lograron vivificar con la fe un mundo pagano, iluminando la cultura, las estructuras sociales, políticas, económicas, artísticas, profesionales, etc.

Esta tarea de reordenar el mundo, desde dentro, siendo fermento de la masa, sal que da sabor a la cultura, luz que ilumina las más diversas situaciones de los hombres, nos corresponde ahora a nosotros; y San Josemaría empeñó toda su vida en inculcarnos este sentido de elevada responsabilidad. Los cristianos tenemos que continuar la obra salvadora de Jesucristo, transformando el mundo en que vivimos, a partir de la auténtica conversión de nuestros corazones.

Si cada hombre actúa como hijo de Dios, como imitador de Jesucristo, podrá influir eficazmente para cambiar los ambientes más paganizados en ambientes plenamente humanos y cristianos, en los que reinen la justicia, la caridad, la paz y, en definitiva, la felicidad que Dios quiere para sus hijos. Actuando cada uno con plena libertad y responsabilidad, guiados todos por los grandes ideales y principios cristianos, seremos los constructores del Reino de los cielos en este mundo, contando siempre con nuestro Padre Dios, que da la eficacia a las obras de los hombres. Comportándonos así, con plena responsabilidad y libertad personales, no comprometeremos a la Iglesia; y, en cambio, nos comprometeremos cada uno y nos santificaremos con la gracia de Dios, sin salirnos de nuestro sitio en el mundo, como sal y como luz.

Textos de san Josemaría

“Sueño –y el sueño se ha hecho realidad– con muchedumbres de hijos de Dios, santificándose en su vida de ciudadanos corrientes, compartiendo afanes, ilusiones y esfuerzos con las demás criaturas. Necesito gritarles esta verdad divina: si permanecéis en medio del mundo, no es porque Dios se haya olvidado de vosotros, no es porque el Señor no os haya llamado. Os ha invitado a que continuéis en las actividades y en las ansiedades de la tierra, porque os ha hecho saber que vuestra vocación humana, vuestra profesión, vuestras cualidades, no sólo no son ajenas a los designios divinos, sino que Él las ha santificado como ofrenda gratísima al Padre”.

Es Cristo que pasa, n. 20

Oración

Concédenos, Señor, ser tus testigos en el mundo; que, imitando tu vida santísima, nos esforcemos por llenar de tu luz y tu verdad todos los ambientes, asumiendo cada uno su propia responsabilidad, y actuando con la libertad y la gloria de los hijos de Dios. Así sea.

Jaculatoria

“Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo”. (Cfr. Mt. 6,10)